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Agradecimiento es el aparecer en la puerta de la vida, el umbral de amor, vestido como payaso, el nariz de goma, zapatos gigantescos zarandeando. Agradecimiento aparece con los brazos llenos de flores silvestres, recitando McKuen o lo peor de Neruda. Hablar de gratitud es ser tonto en el mundo del cínico. La gratitud es la pesadilla del orgullo, la admisión de humildad ante algo regalado sin expectativa ni esperanza. Agradecimiento arranca la camisa de auto-importancia, esparce los botones por los pisos lustrados de la indiferencia fingida, ignore el obvio y se ríe fuerte. Aun mas, la gratitud se desnuda sus senos, separa sus costillas y se muestra el corazón desnudo, divino. Que sea si el corazón sagrado no tiene que ver con el sacrificio? Imaginase que es la alegría, descalza y temeraria, algo no solicitado, algo no merecido. Supone que el ritmo que escuchamos cuando por fin nos callamos es simplemente esto: Gracias. Gracias. Gracias.
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